lunes, julio 25, 2011

Él, que trataba de volver la cabeza, cuando el camino parece "irse de uno"

Cierto atrevimiento y una malicia picara que dibuja una sonrisa ocupando su lugar en el rostro, dominio de unos ojos transparentes como cristal de mirada expectante, efímero gesto, paréntesis extraído de la corriente, casi desapercibido fenómeno, débil refulgor de vida al fin alcanzada, consecuente con la física moderna que dice que las partes de lo indivisible por patronímia pueden estar en cualquier instante donde están y donde no existen, como todos los que nacemos en esta materia desnudos y su esencia se desdobla en cada bifurcación que designe el destino de su herrante caminada.

Sin embargo, una mano se estiro por encima del grupo de cabezas, y alcanzo a rozar con la punta de las yemas de los dedos, apenas rozar la piel, el continuo flujo de éter que serpenteaba lechoso en el absurdo firmamento, apenas un levísimo contacto, pero la maraña de cuerdas, antojadiza y distante tuvo, no obstante, a bien estirarse y estirarse hasta quedar en un delgado, finísimo, hilo plateado de brillantes reflejos nacarados.

Sorprendente coincidencia, sin duda, con la que hacerse un discreto collar que asumir al pecho, cuando se esta caminando. Calidos alientos.

domingo, enero 23, 2011

auto agnosticismo


Si yo fuera hijo de un dios
llamaría a las puertas del cielo
preguntando rabioso donde esta la maldita gracia
de haber hecho del cielo un pozo oscuro de lejano fondo

El hijo enrabietado otra vez por nada
que clama por absurdos y vacíos
patalea rabioso sobre las baldosas
y chillón y lloroso se queda sin respuesta

¿Seguirán siendo los rostros vacías máscaras?
-la conversación de los demás en un débil punto de apoyo-
Mira, hijo mío, podrás hablar de lo que quieras
pero hay pocas cosas que se descubran con palabras:

Yo, hombre,
carne y hueso, entraña y pellejo, retorcido y hueco,
por mi condición humana, he decidido,
-por la belleza del mar, por las alturas de las montañas-
-por la palidez taciturna de la luna y por el cálido aliento del sol-
sublimar, en la extrema parquedad de mi ser
ser bello por bueno, y bueno por bello,
olvidar aquello que mi mortalidad me impide
que mi hambre, que mi frío, que mi soledad,
-hijo huérfano de un dios que nunca ha sido-
me doblega como espíritu, trunca mi destino

Yo he sido, y voy a ser
par con la montaña, el sol, el viento, y el río
y digo más, digo. ni mentira ni embuste,
yo, como todos mis hermanos, soy malnacido
pero ahora bramo alto y honda la verdad:
¡no hay dios conmigo más que yo mismo!

sábado, noviembre 03, 2007


los ojos

Mis ojos ancianos contemplan el paisaje
pinceladas rotas y desvaídas
que, aparte, picaron de viruela un joven rostro
… sin problemas, sin pesares…
como si el hecho mismo de cicatrizarlo,
el paisaje,
no fuera mas que por ahondarlo
y apartar de su destino ser una imagen
dolorosamente irrealizable

y mis ojos cansados contemplan el paisaje

martes, febrero 20, 2007


engrendó un rostro vacío

Guardamos cositas pequeñas
dentro de baúles viejos,
como promontorios ideales:
son secuaces de pretensiones baldías
de todas aquellas argucias
que un día afortunado embalsamaron
el sol de invierno y las presencias extrañas

Yo, atesoro con mimo sus soledades
con pasión y cuidado de bibliotecario
y colecciono sin rituales sus descuidos

Las necedades también,
las necedades de los patriotas sin bandera,
los absurdos virulentos de los creyentes sin fe
de igual manera que la esperanzas moribundas
mis pequeñas hijas muertas los días de nostalgia

No fueron tantas veces cuando pude decir
(decir, gritar, clamar, sentenciar, desesperar):
¡Yo fui feliz! ¡Yo soy feliz!
Lástima de los amaneceres, cuando pude y no hice
cuando también sentí y no quise
Lástima también de los hombres terrenos
que no supieron faltar más a la verdad
que cuando fueron felices y no lo supieron

Quedaron las brisas marítimas de olor a sal
como nunca eternas señales de las mareas
adioses pequeñitos quizás
tal vez recuerdos imposibles para tierra adentro
(no te preocupes, amigo, no te preocupes)
de las muchas otras vidas que tuvieron

No espero ya que comprendáis
pequeñas cosas mías,
porque abalorios funestos os regalo,
ni siquiera ya os considero
garantes de alguna certeza,
valedores fieros de la duda repetida;
solo necesito un rayito de sol para vivir
aderezado por alguna caricia vuestra
algún picante que me permita dormir
o solo alguna promesa pasajera que acune mi sonrisa

cortado

Artífices de funestos logros
que son, quizás, los requerimientos
certezas aprehendidas del vacío
o más bien: recursos de supervivencia sutil

Las noches son largas
como lo son todas las noches
como lo fueron desde que se alecciono el sueño
y se contento a sus vástagos con la renuncia

No es culpa mía y no lo es
la responsabilidad de una gota de lluvia en la tormenta
individual, pero producto de la división de una constante
e igualmente argumento falaz de una excusa

“Guardó la noche sus silencios
como quien callo sus mentiras;
en lo profundo llanas y claras
y en la superficie angostas y bruscas,
como la rotura que algo vaticina”

sábado, enero 13, 2007

hace frío

Palabras que se hicieron viejas
al tocarse con el aire, al salir de mi boca
que se fraguaron untosas a fuego lento
al dejar de ser mías, al ser echadas al mundo

Mal pulido tarro de esencias huecas
de lamentos acallados y a veces alegrías
recuerdos a veces de futuros ya gastados


La superficie del agua en racimos oleaginosos
ungüentos, oleos y sudarios viscosos
memoria quizás de lagrimas negras
que al atardecer en su elemento se vertieron


Hace frío, y mis huesos se duermen
Hace frío: los pájaros han huido de su feudo en el cielo
Hace frío, pero yo no lo siento
Yo me he acostumbrado a no sentir más que cuando quiero,
como un libro olvidado

miércoles, diciembre 13, 2006

echarte de menos

Me prevengo de tus encantos, tiemblo en calma
cuando, temeroso, deshago el camino hacia tu lecho
donde he convertido tus sábanas en mi patria,
patria que me hace extranjero si no estas a mi lado

Recorro las calles llenas de gente vacías
y veo esculturas en el aire hechas por tus manos
manos aladas de venas latientes,
manos de cristal que lejanas tocaron mi cuerpo

El día se torna en noche lechosa y despoblada
lapso cruel del todo prescindible, mi destierro
porque, me parece, desde hace muchísimo tiempo
hicimos con tan solo un susurro todas las noches nuestras

Te echo de menos, incluso cuando estoy contigo
y te olvido cuando en ti pienso, y te odio un poco
solo un poco cuando te recuerdo si te escribo,
cuando anhelante te imagino y me dueles dentro

Mi sangre de vino te obedece, pendiente y en vilo
atiende a un solo pestañeo tuyo de mariposas nocturnas
que circundan el oscuro fondo de mis ojos velados
cuando, pequeño, pierdo la vista en lo alto de mi techo

Fabrico afanoso mi destino a la fuerza de tus deseos
por tanto que he perdido el instante que te he ganado,
por estar tu nombre grabado con la palabra melancolía
en la noche desesperada en que te pienso e imagino

Y siento, viéndote en mis ebrios pensamientos
borrachos de un aire cargado de tu olor,
que yo, piel, huesos y entrañas
no podré hacer ya otra cosa
sin descanso, que echarte de menos